
Cuando mi esposo y yo estamos juntos, toda nuestra conversación gira en torno a los niños, pues ellos se han vuelto nuestro proyecto principal.
Y hay veces en que eso nos desgasta tanto que no queda nada más de qué hablar.
Ya no sabemos cómo vernos a la cara sin quedarnos dormidos. Algunas veces hay abrazos, otras, un cruce de palabras, y muchas otras solo ese fantasmal cansancio que nos lleva a momentos de silencio.
De pequeñísimas muertes.
Tener hijos no solo une a las parejas, creo que si no te pones vivo, hasta las separa. Porque en el día a día hay que tomar la decisión de hacer algo para estar más cerca a pesar de.
Del cansancio, de la frustración, de los problemas, del poco tiempo personal y de pareja, de la rutina…
Si te alcanza la vida solo estás sobreviviendo y si haces propósitos en ella, siempre hay un motivo nuevo para hacer que funcione.
No se trata de restarle tiempo a la crianza y quitarnos la responsabilidad de ser padres.
Se trata de determinar un momento del día para ser esposa, mujer, o lo que quieras ser y darle un descanso a lo otro.
Les juro que es reparador.
Sé que no soy la única que vive este asqueroso y eterno cansancio. Mi compañero también. Y sé que muchos de ustedes también. Por eso me atrevo a compartir esto.
¿Quién se identifica?
Aurora